18 abril 2013

PERDIDA SUBJETIVA DE MEMORIA

La mitad de las personas mayores creen perder memoria en su proceso de envejecimiento, habitualmente el déficit no se confirma en la exploración, se trata de la llamada queja subjetiva de pérdida de memoria (QSPM). Los mayores dicen no recordar donde dejaron una cosa y los recados que les dieron u olvidan el nombre de un objeto o el de una persona, aunque el recuerdo les suele venir a la memoria al poco rato. La normalidad objetiva de la memoria la confirmamos durante la historia clínica, porque el relato de los enfermos mayores es muy detallado y preciso y especialmente no tienen dificultades para llevar adelante su vida personal, social y laboral. Debemos realizar una exploración cognitiva básica (Mini-Mental State Examination - MMSE) para descartar un deterioro cognitivo. Si se deseamos explorar formalmente la memoria podemos utilizar el cuestionario de Alteración de la Memoria, que tiene puntos de corte para la QSPM, el Deterioro Cognitivo Leve Amnésico (DCL-A) y el deterioro cognitivo asociado a la demencia. Respecto a la capacidad funcional utilizamos una escala de actividades básicas de la vida diaria (Katz o Barthel), que pone de manifiesto alteraciones funcionales muy leves. La Escala de depresión geriátrica de 15 o 30 ítems ayuda a detectar una depresión, con la que la QSPM mantiene una relación compleja. Aunque todo el problema suele ser banal, conviene descartar patologías habituales, por lo es útil realizar un análisis de sangre que incluya velocidad de sedimentación globular (VSG), vitamina B12 y tirotropina (TSH), las pruebas de imagen están fuera de lugar. La QSPM puede desaparecer o mantenerse, especialmente en mayores neuróticos y, en algunas personas, se transforma, primero, en un deterioro cognitivo leve (DCL) y, luego, en una enfermedad de Alzheimer (EA). Esta evolución es más probable cuando los marcadores diagnósticos de la EA son positivos: • atrofia mesial temporal • hipoperfusión o hipometabolismo temporoparietal en la tomografía computarizada de emisión de fotón simple (SPECT) y tomografía de emisión de positrones (PET) • aumento de tau/fosfotau y disminución del péptido β42 en el líquido cefalorraquídeo (LCR) • depósito de amiloide en la tomografía de emisión de positrones con Compuesto B(PET-PIB) de Pittsburgh. En estos enfermos la QSPM se debería considerar un deterioro cognitivo preleve, de forma que la EA cursaría en tres fases sucesivas de muy larga duración: la QSPM, que se puede prolongar por quince años o más, el deterioro cognitivo leve amnésico, que también se prolonga por muchos años y, finalmente, la demencia. Gracias a estos conceptos se está en el camino de identificar la EA para empezar a tratarla mucho antes de que aparezcan alteraciones cognitivas objetivas. Otra cuestión diferente es lo que se debe hacer hoy en la práctica diaria. De momento, no parece razonable comunicar al paciente la posibilidad de que su queja acabe siendo una EA, entre otras razones porque no se ha determinado cuantas veces sucede así, ni cuando ocurre, ni se han validado los criterios diagnósticos, ni se ha determinado que cuestionario neuropsicológico utilizar. De hecho, ni siquiera se ha establecido si se deben hacer revisiones o su periodicidad, de manera que existe un amplio margen discrecional. Tampoco existe un tratamiento curativo o sintomático, aunque se aconseja llevar una alimentación adecuada y una vida saludable desde el punto de vista físico, cognitivo y social, según la edad de la persona.

13 febrero 2013

TRASTORNOS CONDUCTUALES EN LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

INTRODUCCIÓN
En la enfermedad de Alzheimer(EA) los síntomas comportamentales o conductuales son especialmente importantes porque influyen de manera determinante en la calidad de vida del enfermo y de sus familiares cuidadores. Se observan en el 70-90% de los demenciados, con mas frecuencia en estadios avanzados de la enfermedad. Son uno de los principales motivos de institucionalización.
Los síntomas conductuales se definen como síntomas de alteración de la percepción, del contenido del pensamiento, del estado de ánimo o la conducta que a menudo se presentan en pacientes con demencia
Se identifican en la observación del enfermo, comprenden manifestaciones variadas como agresividad física, chillidos, inquietud, agitación, deambulación errática, hiperactividad, conductas culturalmente inapropiadas, desinhibición sexual, acoso, lenguaje inapropiado, seguimiento de otra persona, etc. La frecuencia de estos síntomas en la EA se relaciona con la velocidad con que se produce el deterioro cognitivo, comprobado con una rápida bajada en la puntuación del MMS. Estos aparecen en las diversas fases de la enfermedad de una manera no lineal. A medida que avanza el proceso demencial pueden aumentar de manera lineal en periodos específicos de la enfermedad y posteriormente manifestarse con menor frecuencia. Algunos síntomas conductuales son más persistentes que otros. Así por ejemplo, la deambulación errática y la agitación suelen ser los síntomas más duraderos. Los trastornos conductuales contribuyen a una institucionalización prematura, disminuyen la calidad de vida del enfermo y cuidadores, aumentando el estrés de estos últimos y en definitiva disminuyen el nivel de autonomía funcional de los enfermos. Alcanzan su máximo antes de llegar a las fases más avanzadas de la enfermedad. De acuerdo con Reisberg, cualquier síntoma conductual se puede manifestar en cualquier fase de la demencia, en todos los enfermos aparece un tipo u otro de síntoma conductual en determinado momento de la enfermedad. La deambulación errática supone gran carga para los familiares, esta formada por componentes diferentes como la hiperactividad y la dificultad para orientarse. Su prevalencia oscila entre un 3 y un 53% La agitación es la actividad verbal, vocal o motora inadecuada, que a juicio de un observador no parece resultado directo de las necesidades o la confusión de la persona. Falsetti describe la agitación como una agrupación de síntomas que incluyen agresividad, combatividad, hiperactividad y desinhibición. Mas del 90% de los mayores demenciados presentan este síntoma a lo largo de la enfermedad. Las reacciones catastróficas se caracterizan por una respuesta emocional o física excesiva y brusca como cólera, agresividad verbal y física. Su incidencia esta alrededor del 38% de los mayores demenciados. Los factores de riesgo son deterioro cognitivo grave, edad avanzada y rasgos de personalidad premórbida.

 EXPOSICIÓN DEL CASO
Varón de 72 años, agricultor, viudo, con gran fortaleza física, diagnosticado de demencia tipo Alzheimer hace 6 años. No hay antecedentes de hábitos tóxicos o consumo de fármacos, no existen procesos orgánicos como tumores cerebrales. Lleva prótesis en MID. El enfermo vive con su hija y acude a un Centro de Día. Hace quince días presenta graves trastornos de conducta que no son controlados con los neurolépticos habituales. La convivencia se hace imposible a causa de su comportamiento agitado y muy agresivo, además de producirse inversión sueño - vigilia. Tiene diversos problemas con los familiares y también con los cuidadores en el Centro de Día.
La exploración física es normal, también la analítica general, incluyendo bioquímica, B12 y hormonas tiroides, ECG y radiografía de tórax. Asimismo es normal la exploración neurológica.
Visitado en su domicilio, presenta aspecto embotado, nivel de atención y conciencia normales, desorientación temporo-espacial, grave alteración amnésica, síndrome afaso-apraxo-agnósico, discapacidad ejecutiva, incapaz de autoreconocimiento, incontinencia urinaria y fecal y cambios bruscos de humor y conducta con graves alteraciones de comportamiento, no asociados a deterioro motor, con la marcha preservada y tendencia al vagabundeo. Estadio de demencia grave con déficit cognitivo muy grave (Escala FAST- 7a) (GDS-FAST de Reisberg, estadio 7) El paciente presenta graves problemas para conciliar el sueño, vagabundeo o deambulación constante, va caminando por todo el patio y jardín, sin rumbo fijo, con varios intentos de escapadas al exterior de la casa. Por la noche se acentúa esta tendencia a la deambulación errática, creando problemas de convivencia, también gran inquietud o agitación psicomotora, especialmente por la tarde. Ha tenido varios episodios de agitación con inquietud general, manejo inapropiado de cuchara y tenedor (utilizándolos para golpear, amenazar y pinchar en las paredes) , irritabilidad con agresividad física (agarrar familiar y dar empujones, golpear e intentar morder) y verbal con gritos, insultos, emisión de ruidos extraños y palabras ininteligibles. En cinco ocasiones, las conductas físicamente agresivas han necesitado intervención, contención física y retirada de prótesis durante un periodo de varias horas, para autoprotección del enfermo y de los familiares. Las reacciones catastróficas o de rabia contenida con súbitos estallidos de cólera y agresividad verbal (gritos, lenguaje malsonante, parcialmente inteligible o ininteligible) y física (empujones, golpes, patadas, mordiscos, saltos) se relacionan con los intentos de escapada. El enfermo ha llegado a conductas disruptivas y agresivas, agarrando y empujando a los familiares con gran fuerza física Estos trastornos conductuales aparecen con deterioro cognitivo moderadamente grave y enfermedad de Alzheimer moderada de inicio tardío (F00.1, CIE-10) (DSM-IV). En el estudio TAC apreciamos atrofia córtico-subcortical inespecífica con lesiones generalizadas

DISCUSIÓN
Los síntomas descritos son molestos y gravosos para los familiares y dificultan mucho la convivencia. Los síntomas conductuales más frecuentes y más insoportables son la agresividad física, la deambulación errática y la inquietud. Los moderadamente frecuentes y moderadamente insoportables son la falta de motivación, la conducta culturalmente inapropiada, la desinhibición y los gritos. Los síntomas conductuales menos frecuentes y mas soportables son el llanto, el lenguaje malsonante, las preguntas repetitivas y el seguir a otra persona. Los problemas conductuales como la agitación son difíciles de tratar, ya que estos pacientes son muy sensibles a los efectos secundarios de los neurolépticos, especialmente discinesia tardía, sedación confusión y caídas. Es necesario utilizar neurolépticos de ultima generación o atípicos, con escasos efectos de sedación, hipersalivación e hipotensión ortostática, que podrían producir confusión o caídas. Son importantes otras medidas no farmacológicas como facilitar el paseo en entornos libres de barreras arquitectónicas (patios, parques o jardines), terapias de orientación a la realidad, etc. Hemos tenido especial éxito con la musicoterapia y terapia artística (pintura en talleres personalizados del Centro de Día). El paciente que estudiamos es muy sensible a la pintura en figuras de escayola y a la musicoterapia y baile, dos sesiones semanales. Hemos observado reducciones importantes de los trastornos conductuales en el mismo los días posteriores a la actividad. La musicoterapia reduce la inquietud, ansiedad y hostilidad, mejorando el sueño. Es importante no enfrentarse al enfermo cuando aparece la agresividad y los comportamientos disruptivos, crear un circuito y entorno adecuados para que se mueva y actúe sin peligro, luchar contra el insomnio impidiendo las siestas, reforzar siempre los comportamientos adecuados con una estimulación optima y cariñosa que permita mejorar sin irritar. Podemos realizar algunas actuaciones en los síntomas conductuales mas frecuentes. La intervención no farmacológica es de primera elección en el tratamiento de los trastornos y síntomas conductuales de la enfermedad de Alzheimer. El uso de fármacos complementa estas medidas en los trastornos moderados o graves que interfieren la calidad de vida del paciente o cuidador.
Antes de usar un fármaco deberemos hacernos estas preguntas: • ¿Justifica el síntoma un tratamiento farmacológico? ¿Porque? • ¿Es un síntoma que responde al tratamiento farmacológico? • ¿Qué grupo de fármacos es el mas adecuado para este síntoma? • ¿Cuáles son los efectos adversos potenciales y predecibles del fármaco que vamos a utilizar? • ¿Cuánto tiempo debemos mantener el tratamiento? El entorno ideal del enfermo es el familiar, ya que se mantiene constante y no genera estrés.
Las intervenciones conductuales comprenden:
1. Identificar los síntomas objeto de intervención
2. Recabar información de los mismos a los cuidadores
3. Identificar los desencadenantes o los resultados de un síntoma especifico
4. Fijar objetivos realistas y planes integrales sobre los mismos
5. Animar a los cuidadores en el logro de los objetivos
6. Evaluar y modificar continuamente los planes Las terapias recreativas y musicoterapia son intervenciones muy eficaces en reducir la ansiedad y agitación. La psicoterapia individual, de grupo o de familia es de utilidad en las primeras etapas de la demencia. No debemos empezar tratamiento farmacológico alguno hasta que tengamos certeza de que los síntomas no tienen una causa física, no tienen relación con el uso de otra medicación y no han respondido o no son susceptibles de ser tratados mediante intervenciones no farmacológicas. Desde el punto de vista farmacológico, los antipsicóticos atípicos han demostrado su eficacia en los síntomas psicóticos de la demencia, en la agitación y en las alteraciones conductuales, aunque igual de eficaces que los convencionales, tienen menos efectos colaterales. Los estudios realizados para comparar a los distintos fármacos antipsicóticos no aportan diferencias de eficacia. Si la elección la realizamos basándonos en el perfil de efectos adversos, los antipsicóticos atípicos, risperidona, clozapina y olanzapina en el orden indicado, tienen un mejor perfil que el resto de los fármacos del grupo por menores efectos secundarios, discinesia tardía, síntomas extrapiramidales, disminución del umbral convulsionante, etc. y en especial un menor efecto parkisonizante. También están indicados en los trastornos del sueño a dosis bajas. Los neurolépticos o antipsicóticos atípicos indicados en las ideas delirantes, alucinaciones, hostilidad, agresividad, agitación, conducta violenta y alteraciones del sueño-vigilia se han ensayado en grandes estudios multicentricos, especialmente la risperidona. Podemos ver las dosis farmacológicas en el cuadro siguiente. Debemos comenzar con dosis bajas y subirlas lentamente, cada dos días. También debemos descartar historia de hipersensibilidad a los neurolépticos y el diagnostico de demencia por cuerpos de Lewy. Aunque estos neurolépticos se toleran mejor que los clásicos (haloperidol, tioridazina y tioxifeno) vigilaremos estrechamente la aparición de efectos adversos, minimizándolos mediante la titulación lenta y la utilización de dosis bajas. Si en seis semanas no ha cedido la gravedad del síntoma, utilizaremos otro fármaco. La risperidona (antagonista dopamina-serotonina) se asocia con la aparición de efectos adversos extrapiramidales, hipotensión postural y sedación a dosis altas. La clozapina (antagonista multirreceptor) es la que mayores efectos adversos tiene y solo esta indicada en síntomas conductuales muy graves, no controlados con otros neurolépticos (se aconseja en la discinesia tardia), además de efectos anticolinergicos y de hipotensión ortostática, se le asocia riesgo de agranulocitosis (requiere monitorización semanal de recuento leucocitario). La ziprasina (antagonista dopamina-serotonina) es muy similar a la risperidona con un rango de dosis de 130-140 mg, sus mayores efectos secundarios son sedación, cefalea, agitación, mareo e hipotensión ortostática. El seroquel (antagonista multirreceptor) tiene un perfil positivo frente a los efectos secundarios extrapiramidales.


FARMACO INICIO (mg)              RANGO DE DOSIS (mg)                            HORARIO
RISPERIDONA                                   0,5 0,5-3                                            Una vez al día
CLOZAPINA                                    6,25 10-50                                          Dos veces al día
OLANZAPINA                                  5 2, 5-5                                               Una vez al día

27 enero 2013

ENVEJECIMIENTO Y DEMENCIAS

1.- PERDIDA SUBJETIVA DE MEMORIA La mitad de las personas mayores creen perder memoria en su proceso de envejecimiento, habitualmente el déficit no se confirma en la exploración, se trata de la llamada queja subjetiva de pérdida de memoria (QSPM). Los mayores dicen no recordar donde dejaron una cosa y los recados que les dieron u olvidan el nombre de un objeto o el de una persona, aunque el recuerdo les suele venir a la memoria al poco rato. La normalidad objetiva de la memoria la confirmamos durante la historia clínica, porque el relato de los enfermos mayores es muy detallado y preciso y especialmente no tienen dificultades para llevar adelante su vida personal, social y laboral. Debemos realizar una exploración cognitiva básica (Mini-Mental State Examination - MMSE) para descartar un deterioro cognitivo. Si se deseamos explorar formalmente la memoria podemos utilizar el cuestionario de Alteración de la Memoria, que tiene puntos de corte para la QSPM, el Deterioro Cognitivo Leve Amnésico (DCL-A) y el deterioro cognitivo asociado a la demencia. Respecto a la capacidad funcional utilizamos una escala de actividades básicas de la vida diaria (Katz o Barthel), que pone de manifiesto alteraciones funcionales muy leves. La Escala de depresión geriátrica de 15 o 30 ítems ayuda a detectar una depresión, con la que la QSPM mantiene una relación compleja. Aunque todo el problema suele ser banal, conviene descartar las enfermedades indicadas en la Tabla 1, por lo es útil realizar un análisis de sangre que incluya velocidad de sedimentación globular (VSG), vitamina B12 y tirotropina (TSH), las pruebas de imagen están fuera de lugar. La QSPM puede desaparecer o mantenerse, especialmente en mayores neuróticos y, en algunas personas, se transforma, primero, en un deterioro cognitivo leve (DCL) y, luego, en una enfermedad de Alzheimer (EA). Esta evolución es más probable cuando los marcadores diagnósticos de la EA (atrofia mesial temporal, hipoperfusión o hipometabolismo temporoparietal en la tomografía computarizada de emisión de fotón simple (SPECT) y tomografía de emisión de positrones (PET), aumento de tau/fosfotau y disminución del péptido β42 en el líquido cefalorraquídeo (LCR), depósito de amiloide en la tomografía de emisión de positrones con Compuesto B(PET-PIB) de Pittsburgh) son positivos. En estos enfermos la QSPM se debería considerar un deterioro cognitivo preleve, de forma que la EA cursaría en tres fases sucesivas de muy larga duración: la QSPM, que se puede prolongar por quince años o más, el deterioro cognitivo leve amnésico, que también se prolonga por muchos años y, finalmente, la demencia. Gracias a estos conceptos se está en el camino de identificar la EA para empezar a tratarla mucho antes de que aparezcan alteraciones cognitivas objetivas. Otra cuestión diferente es lo que se debe hacer hoy en la práctica diaria. De momento, no parece razonable comunicar al paciente la posibilidad de que su queja acabe siendo una EA, entre otras razones porque no se ha determinado cuantas veces sucede así, ni cuando ocurre, ni se han validado los criterios diagnósticos, ni se ha determinado que cuestionario neuropsicológico utilizar. De hecho, ni siquiera se ha establecido si se deben hacer revisiones o su periodicidad, de manera que existe un amplio margen discrecional. Tampoco existe un tratamiento curativo o sintomático, aunque se aconseja llevar una alimentación adecuada y una vida saludable desde el punto de vista físico, cognitivo y social, según la edad de la persona. 2.- EL DETERIORO COGNITIVO LEVE Otros enfermos piensan que pierden memoria y la exploración lo confirma realmente. Se trata del Deterioro cognitivo leve (DCL), una entidad clínica intermedia entre el envejecimiento cognitivo normal (el DCL cumple algunos criterios de demencia) y la demencia (los cumple todos). El objetivo de la creación de esta entidad fue que el clínico pudiera cumplir con la obligación de detectar los enfermos que finalmente desarrollarán una EA, cuando aún se encuentran en un estadio predemencial y poder tratar la enfermedad antes de aparecer las alteraciones clínicas que la definen. Al principio, el DCL se elaboró como un trastorno amnésico (Tabla II), pero luego, las mismas nociones se aplicaron a campos cognitivos distintos de la memoria. Aunque hoy se aceptan varios tipos de DCL, aquí se discute esencialmente el DCL amnésico (DCL-A), sea unifunción (se altera solo la memoria) o multifunción (se alteran además otras áreas cognitivas), porque es el mejor conocido y el que se presenta más frecuentemente. Se trata de una cuestión importante desde el punto de vista asistencial, porque la prevalencia del DCL en mayores de 70 años está entre el 14% y el 18% (la del DCL-A duplica la del DCL no amnésico). El DCL-A afecta a personas de ambos sexos y predomina entre los 60 a 80 años de edad. La queja fundamental es una pérdida de memoria, con mayores repercusiones que en la QSPM. En el DCL-A multifunción se refieren además otros síntomas (déficit de la atención, de la función ejecutiva, de la praxia, del lenguaje o de la función visoespacial) y en muchos de ellos se añaden leves manifestaciones psicoconductuales, en especial disforia e irritabilidad. En estos enfermos es obligado hacer una exploración geriátrica para descartar otras enfermedades que puedan causar o contribuir a la pérdida de memoria. Por supuesto, lo fundamental es la exploración cognitiva, cuyo objetivo es doble: confirmar la pérdida de memoria (o de otras áreas cognitivas si es un DCL multifunción) y eliminar una demencia. En la consulta se dispone de poco tiempo y escasos medios. Una puntuación normal en el MMSE (que hace improbable la demencia) y la incapacidad para recordar las tres palabras puede ser sugestivo de un DCL-A, pero como el MMSE no tiene puntos de corte que diferencien normalidad, DCL-A y demencia, es aconsejable añadir algún cuestionario que los tenga y que explore la memoria. Para descartar una demencia es fundamental que no exista una repercusión funcional significativa, de manera que el enfermo debe poder llevar a cabo al menos tres de estas seis actividades complejas: utilizar el teléfono, cocinar, hacer la plaza, manejar las finanzas, medicarse y saber que el cambio de billetes y monedas es correcto. Es necesario realizar un amplio examen neuropsicológico y explorar la memoria verbal/visual, lenguaje, praxias, función visoespacial, capacidad ejecutiva, un cuestionario cognitivo general y una escala para la capacidad funcional. El DCL-A se debe diferenciar de los olvidos que algunas personas tienen de siempre, de alteraciones que los enfermos llaman pérdida de memoria y no lo son (por ejemplo, el olvido de palabras), de la demencia, de los efectos de ciertos medicamentos (en especial anticolinérgicos, benzodiacepinas y ciertos antidepresivos) y de otras enfermedades. Para descartarlas se aconseja realizar análisis de sangre, que incluya VSG, bioquímica hepática y determinación de vitamina B12 y TSH; en ocasiones, puede ser conveniente hacer una tomografía axial computarizada (TAC) de cráneo. El DCL-A se convierte en demencia (la mayoría de las veces debida a EA) con una tasa del 12% anual, es decir, unas 10 veces la de los controles, de manera que, a los cinco años, en torno a la mitad de esos pacientes estarán dementes. Aparentemente, la predicción de que aparezca una demencia en ese tiempo tiene una probabilidad del 50%, pero la probabilidad aumenta considerablemente si son positivos los marcadores diagnósticos de la EA ya indicados en el párrafo anterior. Intervenimos ante el enfermo con DCL-A en nuestra práctica cotidiana informándole no solo del diagnóstico de DCL-A, sino también de la probabilidad de que se convierta en una demencia, según el grado de positividad de los marcadores diagnósticos de la EA. Al contrario, otros autores, opinan que la evidencia disponible no permite el diagnóstico y el pronóstico del DCL-A sobre una base estrictamente individual, porque no se ha determinado con exactitud el tipo de cuestionario o el punto de corte que se deben utilizar, ni los marcadores a emplear, ni su valor discriminativo, ni el algoritmo diagnóstico que se debe seguir, ni cuanta seguridad añaden estas actuaciones en la práctica diaria Esta segunda opinión parece razonable para la práctica diaria en nuestro país por las razones arriba dichas y porque la evolución del DCL-A es muy dispar. Aunque, sin duda, el DCL-A se convierte en una EA (o en otro tipo de demencia más rara vez) en no pocas ocasiones, también puede empeorar sin llegar a la demencia, puede persistir inmodificado o puede desaparecer. Por ejemplo, en un estudio en pacientes con edad media en torno a 75 años, el DCL-A remitió en el 37% de los pacientes, mientras que en el mismo periodo de tiempo la conversión en demencia se produjo en el 18%. Esta evolución tan variopinta sugiere una naturaleza igualmente dispar del DCL-A, comprobada en los estudios patológicos. Si tuviéramos que exponer el pronóstico al enfermo concreto, deberíamos estar en condiciones de poder hacer una predicción de cualquiera de las cuatro posibilidades evolutivas que existen y no solo de la demencia. Por supuesto, hoy no es posible hacerlo, de manera que solo parece aconsejable comunicar al paciente que padece un DCL-A, porque aceptará mejor revisarse que si le indicáramos que todo se debe a un envejecimiento normal, pero, desde luego, parece inadecuado trasladarle la incertidumbre actual respecto a la evolución de su proceso. Al diagnóstico se puede añadir el consejo de efectuar la corrección de los factores de riesgo, retirar la medicación con efecto nocivo sobre cognición y memoria y llevar una alimentación y un régimen de vida saludables, porque, de momento, no existe ningún tratamiento farmacológico capaz de mejorar la memoria, detener o curar el DCL-A La entidad DCL-A permitió crear un grupo de enfermos con riesgo de padecer una EA muy superior al normal, grupo idóneo para ensayar nuevos tratamientos para esta enfermedad. Por desgracia, como se ha visto, los criterios diagnósticos del DCL-A permiten incluir mayores muy heterogéneos, con procesos de diferente naturaleza; quizás sea esta una de las razones que podrían explicar la negatividad de algunos de los ensayos clínicos hasta ahora realizados. Aún más, si se han de ensayar nuevos productos dirigidos a combatir los factores patogénicos de la EA, cuyos efectos adversos pudieran ser importantes (similar a la vacuna), sería fundamental que los criterios diagnósticos redujeran al máximo la posibilidad de incluir enfermos cuyo proceso no fuera una EA En realidad, en el paciente que sufrió la conversión, el DCL-A no se debería considerar un factor de riesgo de la EA, sino el estadio prodrómico de la enfermedad. Por tanto, lo más razonable es elaborar criterios para diagnosticar directamente la EA prodrómica (EA probable) y evitar interponer una entidad clínica tan heterogénea y problemática como el DCL-A. En este sentido, como la pérdida de memoria puede ser tan severa en el DCL-A como en la EA leve, la transición desde el DCL a la EA suele estar marcada por la aparición de una alteración funcional (en este caso no significativa) y por el déficit progresivo en otras áreas cognitivas distintas de la memoria e insuficiente para hablar de demencia. En efecto, cuando a la pérdida de memoria del DCL-A se añade, bien otra alteración cognitiva, bien una leve pérdida de capacidad funcional, el DCL-A se convierte en demencia en la gran mayoría de los pacientes en un corto periodo de tiempo, lo que indica que esos criterios seleccionan la EA probable. Sin embargo, esta vía diagnóstica tiene algunos inconvenientes. En primer lugar, los cuestionarios cognitivos no son, por sí solos, el factor predictivo óptimo de la conversión y, por tanto, de la EA probable. En segundo lugar, cuanto mayor sea la afectación clínica, que es lo que permite el diagnóstico de EA probable, más avanzada estará la enfermedad y más rápida su evolución. Otra posibilidad es utilizar los marcadores diagnósticos paraclínicos de la EA. Así se hace en los nuevos criterios diagnósticos de la EA (Tabla III), en los que basta clínicamente con que el enfermo tenga una pérdida de memoria, siempre que sean positivos los marcadores de imagen o biológicos de la EA, antes recordados. No obstante, estos nuevos criterios, que permiten diagnosticar también la EA probable aún no están validados. Por otra parte, el significado de los marcadores no es similar para todos ellos : unos se relacionan con la patogenia del proceso (p. ej. el aumento de tau/fosfotau y la disminución del péptido β-42 en el LCR) y otros indican mejor el grado de afectación y la rapidez evolutiva de la enfermedad (p. ej. los marcadores de imagen estructural). Por tanto, es necesario todavía precisar el algoritmo diagnóstico a seguir. Finalmente, los nuevos criterios exigen la pérdida objetiva de memoria de evocación y no se pueden aplicar a enfermos en los que la alteración de otra área cognitiva precede, por cierto tiempo, a la pérdida de memoria, lo que no es tan infrecuente en la forma presenil de la EA La conclusión es que, gracias a todas estas nuevas ideas y estudios, estamos muy cerca de poder diagnosticar la EA no ya cuando aún no tuvo consecuencias funcionales, sino precozmente, incluso cuando todavía no produjo un déficit cognitivo objetivo. Pero todavía queda un arduo trabajo de campo por hacer, al que todos estamos llamados a contribuir en la medida de nuestras posibilidades, porque si los estudios realizados en los centros altamente especializados son muy importantes, siempre será necesario aplicar sus consecuencias a los enfermos que acuden a nuestra consulta diaria.

25 noviembre 2012

ACTIVIDAD FISICA EN ENFERMOS CON DEMENCIA

     La actividad física contribuye a mantener una vida saludable, en la ciudad contribuye a  eliminar los efectos perjudiciales del estrés y sedentarismo y también en el medio rural, al ir desapareciendo la vinculación tradicional a la agricultura, unido a mayores niveles culturales, de formación e información. Es una modalidad de ocio compartido para realizar una actividad motriz complementaria de la habitual.
      Hay varios condicionantes físicos, psicológicos y sociales que determinan el bajo nivel de practicas corporales realizado por las personas mayores. El cuerpo humano, a causa del natural proceso de envejecimiento, sufre un deterioro progresivo e irreversible que va limitando sus posibilidades motrices, impidiéndole realizar las actividades físicas que se proponen, a no ser que éstas estén perfectamente adaptadas a sus posibilidades y limitaciones.
       La imagen corporal de los mayores, como algo gastado, deteriorado y desagradable, no corresponde al ideal estético de moda actual y no responde a los esquemas que defiende la sociedad. Por ello la persona mayor no asume su realidad corporal, lo cual dificulta su vida relacional. Esta imagen de si mismos y el envejecimiento orgánico, agravado por el trato social desde el momento de la jubilación, hacen que sientan una disminución de su disponibilidad con relación al medio, favoreciendo conductas sedentarias y solitarias que aceleran los procesos de envejecimiento patológico.
    Todos los factores descritos se agravan en el caso de los enfermos con demencia o enfermedad de Alzheimer. La información disponible en la literatura científica en relación con formas de intervención terapéutica durante el desarrollo de la demencia o enfermedad de Alzheimer (EA), pone de manifiesto la importancia de los programas de actividad física controlados  y realizados de forma temprana, es decir en el  primer estadio de la enfermedad.
OBJETIVOS
     El objetivo principal del  estudio es valorar la efectividad terapéutica de un programa de actividad física controlada en un grupo de pacientes con demencia en fase 1 o estadio temprano de la enfermedad.
  Los objetivos específicos  de las actividades motoras, realizadas a los ancianos con EA, son vencer las rigideces articulares y favorecer la relajación de los diversos grupos musculares.
 Los ejercicios de la mañana tratarán de vencer las rigideces articulares alcanzando los máximos recorridos posibles sin llegar al dolor o fatiga.
  Los ejercicios vespertinos trataran de liberar al sistema músculo-esquelético de las tensiones sufridas durante el día con el fin de propiciar un descanso reparador durante el sueño.
METODOLOGÍA
        Realizamos una valoración geriátrica  integral (biofísica, psíquica, funcional y social) de 40 enfermos con demencia en la primera fase, así como una analítica básica, bioquímica y hematológica para descartar contraindicaciones absolutas del ejercicio físico.
     Después de revisar la historia clínica, les realizamos a todos los enfermos el cuestionario Mini-examen cognitivo de Folstein, adaptado y validado por Lobo y col..  Todos dieron puntuaciones inferiores a 23 puntos. A continuación descartamos posibles trastornos del estado de animo, cuadros de delirantes y demencias vasculares realizando el cuestionario CAMCOG del examen cognitivo CAMDEX, para ratificar el diagnostico de deterioro cognitivo. Confirmamos en los 40 enfermos diagnósticos posibles de Demencia.
Seleccionamos aleatoriamente veinte enfermos (Grupo de estudio) a los que realizamos un programa básico de actividad física aerobia y controlada, en sesiones de mañana y tarde, treinta minutos (Programa de actividad motriz), con pequeñas flexiones y extensiones de las articulaciones de los miembros, cadera, columna y hombros.
             Utilizamos una sala iluminada con luz natural, con el suelo alfombrado, una suave música ambiental  y un material deportivo elemental.
            Los ejercicios se realizan con suavidad y sin alterar el ritmo respiratorio. Cada anciano llega al límite que sus articulaciones le permiten  y no se pretende en ningún caso que todos sigan a la perfección la sesión como si se tratara de una tabla de gimnasia. Los movimientos se efectúan cuatro o cinco veces cada uno, con un intervalo de medio minuto de pausa entre ellos, para respirar de forma mas amplia sin forzar la frecuencia respiratoria.  
  La práctica de la actividad motriz se realiza, durante 30 a 45 minutos,  en las siguientes fases:
  1.- La primera etapa de la actividad física o motriz, de calentamiento, para prepararse física y psicológicamente para una actividad distinta a la normal y ayudar a prevenir lesiones.
   Las consecuencias fisiológicas son  aumento del ritmo cardiaco;  aumento de la presión arterial y dilatación de los vasos;  aumento de la velocidad contráctil y elasticidad muscular; aumento del impulso corporal y aumento de la coordinación muscular.
   En los mayores tenemos una serie de cuidados:  cada anciano debe aprender a realizar su calentamiento;  comenzamos de forma progresiva, por zonas de mayor riesgo de lesión o antiguas lesiones; ordenamos la ejecución de los ejercicios, evitando olvidos; respiramos normalmente; andamos entre los ejercicios; no hacemos mas de ocho o diez veces cada ejercicio; el tiempo máximo de calentamiento no supera los 10-15 minutos; el tiempo máximo entre calentamiento y desarrollo principal es de tres minutos.
  2.- La 2ª etapa, de desarrollo principal, con la realización de la actividad física simple.  Los ejercicios principales fueron flexiones y extensiones de miembros superiores e inferiores, deambulación y movimientos de columna cervical y dorsal, 10 a 15 minutos.
  3.- La 3º etapa, de relajación, con un periodo de 5 a 10 minutos para distender la musculatura que hemos empleado durante el desarrollo principal
  Los fines de la relajación son prepararse físicamente y psicológicamente para la vuelta a la normalidad y evitar contracturas musculares.
 El periodo de ejecución del Programa de Actividad Motora fue de 3 años, con periodicidad diaria.
   Los otros veinte enfermos formaron el Grupo Control, que no realizó programa de actividad motriz descrito.
    Comparamos el Grupo de estudio y Grupo Control al terminar los tres años, del periodo de ejecución del programa de actividad física, en los siguientes parámetros:
1.- Fase, evolución o estadio de la enfermedad.
2.- Presentación de úlceras de decúbito.
3.- Control de esfínteres.
4.- Alteraciones de la deglución.
5.- Presentación de fracturas.
6.- Presentación de infecciones respiratorias.
   Realizamos un análisis de varianza con los parámetros indicados en función de los enfermos del Grupo de Estudio y Grupo Control.
RESULTADOS
   1.- Los cambios en la fase de la enfermedad en el Grupo Control y el Grupo de estudio no guardan relación significativa con la practica o no del Programa de Actividad Física o Motora.
   2.- Hay relación significativa entre la practica del Programa de actividad motriz y la presentación de úlceras de decúbito, en el sentido de menor numero de las mismas en los enfermos  que realizan el programa de actividad motriz. (P< 0,005)
    3.- Existe relación significativa entre un mejor control de esfínteres y una mejor deglución y el hecho de pertenecer al grupo de enfermos demenciados que realizan el Programa de actividad física (Chi cuadrado de Pearson = 0,00000).
   4.-  El  numero de fracturas que se presentan  y de numero de infecciones respiratorias en el periodo de estudio  es menor en el grupo, clínico o de estudio, que realiza el Programa de actividad motriz (P< 0,005)
DISCUSIÓN
       En los enfermos que realizan el Programa de actividad física hay  menor presentación de fracturas espontáneas, menor aparición de úlceras de decúbito, menor numero de infecciones respiratorias y una mejor deglución en los estadios posteriores de la enfermedad.
  El programa de actividad motriz realizado no altera la evolución clínica de la enfermedad de manera significativa, es decir las sucesivas fases o periodos clínicos de la demencia se suceden en los dos grupos de enfermos, sin diferencias significativas entre ambos.
     Al disminuir la presentación de las complicaciones patológicas descritas, en los enfermos del grupo de estudio, mejoramos la calidad integral de vida de los pacientes con EA.
      En nuestro estudio longitudinal, vemos que la actividad física controlada mejora la calidad de vida de los enfermos con demencia. El  nivel de calidad de vida es muy importante en las últimas fases de la enfermedad,  la reducción al estadio vegetativo produce gran numero de complicaciones medicas en los enfermos.
     Si los ancianos disfrutan  con estos ejercicios físicos, continuaran realizándolos,  fomentaran la confianza en sí mismos y aumentará su bienestar físico y mental, estimulando la capacidad para hacer frente a su enfermedad.
            Podemos concluir diciendo que el ejercicio físico aerobio efectuado desde los primeros estadios de la demencia mejora los síntomas que irán apareciendo a lo largo de la misma, eleva el nivel de calidad de vida de los enfermos y como consecuencia disminuye el estrés de los cuidadores.
            La actividad física podemos realizarla en la institución de referencia (Club, Asociación, AFA, etc.) o en el domicilio del mayor, combinándola  con deambulación y ejercicios en grupos pequeños de amigos, familiares o conocidos que estimulen la integración del enfermo y eleven su autoestima.
 

05 septiembre 2012

SOMONTÍN, BALCÓN DEL ALMANZORA

Presentado, el catorce de agosto, un libro monográfico sobre el municipio de Somontín, situado en la comarca del Alto Almanzora de Almería. Escrito con el patrocinio del Instituto de Estudios Almerienses y la Diputación Provincial de Almería.
Toda cultura necesita imágenes que sostengan y orienten el esfuerzo, el anhelo de sus hombres. En ella nacen los mitos y las historias. Bajo estas formas, muchas veces poéticas, aparecen las imágenes de la vida humana, del devenir cotidiano que, más allá del tiempo y el lugar, engarzan el pasado más remoto y el futuro inaccesible. Y se justifican, dirigen y ciernen sobre el hacer y el padecer que constituyen la historia de esta alquería construida al pie de la montaña, Submontanis, Somontín.
Somontín está ubicado en la llamada Andalucía de las estepas, la aridez ha sido siempre extraordinaria. Situado en las estribaciones de las sierras de Lúcar y las Estancias, en el lado occidental norte de la provincia de Almería, mirando al valle del Almanzora en su parte norte. Los paisajes con valor dignos de mención son pequeñas huertas y vegas en torno a manantiales con intermitentes corrientes de acequias y fuentes.
Al llegar a la villa urbana nos deslumbra su caserío reluciente y abigarrado en lo alto de una colina que escala la sierra. Sus blancas casas cubiertas de teja árabe buscan sitio a los pies de los cerros de las Estancias. Los paratos encorsetados en ribazos descienden pausadamente hasta la rambla de Escuchagramos, tejiendo un tapiz en mil tonos blancos, azules, ocres y marrones, ribeteados por el verde intenso de sus vetustos olivos. Llama la atención una abundante vegetación, exuberante y coloreada por todos los montes, valles, cerros y llanos. Los grandes olivos, con cientos de años de edad, las encinas, las vides, los almendros y las higueras ocupan barrancos, cultivos y bordes de bancales.
Somontín se dibuja en las callejas estrechas, las cuestas, los callejones ciegos y los emporchaos alrededor de la Plaza de la Villa, con su portón señorial y la cerca murada de piedra, con su puerta andalusí, en torno al barrio medieval. Alrededor de este arrabal, las calles rectas de los pobladores cristianos que extienden la alquería, tras la muralla, hacia el noroeste, con los suelos empedrados para el paso de las caballerías. Las ventanas, terrazas y calles exornadas con macetas de flores y plantas verdes, dan un espectacular toque colorista y vital al destellante blanco-azulete de muros y fachadas.
En este barrio medieval podemos admirar el gran campanario, en la coqueta torre de la bella iglesia y antigua mezquita, con sus cuatro cúpulas levantinas, únicas en la provincia. Desde la gran escalinata sur de acceso al templo visitamos el gran mirador mágico y espectáculo de visión al Valle del Almanzora, denominado Balcón del Almanzora, primero por el naturalista Rojas Clemente en el siglo XIX y cien años después por el poeta almeriense Francisco Villaespesa. Es un mirador privilegiado que permite divisar once pueblos del Alto Almanzora. Allí, junto a la iglesia, en las frescas tardes de verano o en las soleadas mañanas de invierno es un placer charlar con los amigos, comentar los avatares del día a día o de la jornada, recordar la historia y la geografía de los lugares vecinos y escuchar las anécdotas de los somontineros, llenas gracia y socarronería.
Somontín, de tortuoso acceso por la pendiente del terreno y con una altitud de 813 metros sobre el nivel del mar, merece nuestra visita detenida y sin prisas. Sus calles empedradas, limpias y baldeadas, y sus casas blanqueadas, nos trasladan a otros pueblos de las Alpujarras con puertas, calles, ventanas y balcones abundantes en maceteros y flores. Sus quinientos habitantes, llegó a más de 1.300 a principios del siglo XX, nos hacen agradable la visita. La amabilidad y simpatía de los somontineros es su estandarte y orgullo. También su fama de acogedores es conocida por todos. Si es verano, el fresquito corre por los caños y álamos de la entrada, donde personas de diferentes edades juegan a las cartas o al dominó, saboreando el vinillo del país acompañado de alguna patata, trozo de conejo, pimiento o tomate, criados todavía con el esmero y sentido ecológico de nuestros abuelos. Esta hospitalidad está muy unida con el orgullo que ellos sienten por sus paisanos, especialmente militares o guardias civiles, tan numerosos que han constituido una Hermandad de la Virgen del Pilar con su ermita-santuario recientemente inaugurada. Igualmente, su sentido religioso se hace patente en la veneración que profesan a la Virgen de los Dolores de Salcillo y a su patrón San Sebastián, también de la escuela murciana, con su fiesta el 20 de enero.
Bajando del Balcón nos encontramos el viejo Lavadero Municipal, antigua Casa de Baño o hamman de la alquería musulmana, con blancos arcos mediterráneos y limpias y transparentes aguas venidas de la Fuente Grande. Paseando por los rincones del pueblo nos sorprenden los vestigios de su rico pasado artístico, especialmente de época andalusí y cristiana, como el escudo de la Santa Inquisición en la zona de la antigua alquería con numerosas rejas y balconeras en hierro forjado.
El municipio, alquería, lugar y villa murada de Somontín, con abundantes objetos de barro y esteatita fechados en el Calcolítico (Vaso Campaniforme), un poblado Argárico en una de sus ramblas, otro poblado del periodo del bronce, cuatro asentamientos iberoromanos y uno visigodo, es un municipio con restos arqueológicos de más de cinco mil años y una historia documentada desde el siglo IX. Esta alquería fortificada del Alto Almanzora (Shumuntan, hisn al-Mançūra) fue rendida al primer califa omeya de al-Andalus, abd al-Rahman III al-Nasir, cuando formaba parte de la taifa de 'Umar b Hafsun, en el año 913 d. C. con más de un centenar de fortalezas y castillos. Su economía progresó durante siglos con el esparto y el jaboncillo de sastre y desde tiempos de la guerra de los moriscos se festeja a su Patrón, San Sebastián, con pasión en el Día de la Rosca.
El estudio y descripción de su documentación, arqueología, cultura popular, fiestas y celebraciones nos introducen en una comunidad viva, activa, con tradición oral y escrita, de una riqueza excepcional, que hemos tratado de conservar como testimonio y recuerdo secular para las futuras generaciones, evitando que se pierda disuelto en la memoria colectiva.
Es muy llamativo su término municipal y presentamos numerosas fotografías de un paisaje heterogéneo y lleno de contrastes. Encrucijada de formaciones geológicas y vegetales, es muy abundante en él la biodiversidad. Las abruptas formaciones montañosas se ciernen majestuosas queriendo a veces alcanzar el cielo. Roca viva y peñas, valles internos y ramblas de unas sierras que albergan un ecosistema mediterráneo donde el encinar y el pinar hacen aquí acto de presencia, conjuntamente con un matorral mediterráneo sustituido frecuentemente en los pies de montaña por el espartal o atochar y el albaidal. La cultura del esparto tuvo aquí un gran arraigo desde tiempos prehistóricos, después cartagineses y romanos junto a las canteras de esteatita o jaboncillo con figuras encontradas en sepulturas Neoliticas.
Hasta ahora no hay datos comprobados que permitan fijar el origen del núcleo urbano de Somontín con seguridad. Sin embargo, atendiendo a su nombre y a las dos villas iberoromanas prospectadas, es posible afirmar que cuando llegaron los musulmanes, en el 711, este pueblo ya existía desde los primeros años de nuestra era con fundación romana y varios poblados prehistóricos anteriores en el término municipal.
La época dorada del territorio de Somontín (Shumuntán) es la andalusí. Somontín aparece en los textos andalusíes y cristianos como un hisn, alquería amurallada con una comunidad de riegos procedentes de sus tres fuentes, una verde y fértil vega y una rica agricultura, ganadería y pastos: “el cristiano disfruta/ comodidades honestas,/ come conejo y faisán,/ tocino, jamón perdido,/ gallinas y gallinetas,/ y otras muchas cosas buenas.../ y luego irás a mi casa,/ y verás aquellas paneras/ llenas de trigo, garbanzos,/ centeno, mijo y avena,/ panizo, jazmín, lentejas”, dicen, significativamente, unos versos de la Relaciones entre moros y cristianos de la villa de Somontín, texto que data de mediados del siglo XVII y que se escenifica durante las fiestas del Santo Patrón San Sebastián. De época posterior a la reconquista, las investigaciones en el Archivo de Simancas han dado luz sobre los 23 señores de Somontín a lo largo de la historia y la inspección de D. Miguel de Cervantes al municipio.
El termino municipal de Somontín siempre ha tendido a concentrar su población en un mismo núcleo, por necesidades de relación social y de defensa. También la construcción del entorno urbano por encima de la línea de la acequia, para arrebatar a los preciados cultivos el menor espacio posible. De este modo, ha sido muy limitado el poblamiento disperso en un municipio agreste, con dificultad para acceder a los terrenos de cultivo y dotado de un escaso término municipal, poco a poco absorbido, a lo largo de los siglos, después de la época medieval, por los municipios limítrofes.
Su núcleo urbano es el resultado de una progresiva emigración desde las terrazas inferiores, donde estuvieron los primeros asentamientos del Neolítico final y Calcolítico, todos ellos prospectados por los hermanos Siret y el matrimonio Leisner(Llano de la Lámpara, Loma del Faz, Loma Blanca, Buena Arena, Jocalla, el Jautón, la Atalaya), hasta su definitiva localización actual (siglo V-VII) tras la invasión de los asdingos, caída de los visigodos e invasión islámica, en el límite superior de las zonas de regadío, que se configura definitivamente durante el periodo medieval. Las razones principales son disponer de una zona protegida del hombre y de las inclemencias del tiempo, y, tener un espacio con posibilidades de expansión urbana, a pesar del conjunto de pequeños promontorios, cerrillos, peñillas, collados y lomas que angostan, condicionan y embellecen la superficie de la villa. Actualmente el pueblo sigue conservando buena parte de su fisonomía y estructura medieval, con calles irregulares y cortas, largas y pendientes con desniveles, pequeños recodos, adarves, cruces, placetas, emporchaos y escasa planificación urbanística. Han desaparecido las bellas calles empedradas de antaño con la magnífica y suave piedra de la rambla y su característica depresión central para que discurrieran las aguas, también se van perdiendo las viejas cubiertas de teja árabe tradicional.
En el libro se describe como compendio, esbozado pero completo, la antropología cultural de Somontín, en el que se recopila y describe el material etnográfico con minuciosa observación sobre técnicas, organización social, religión, arte, folklore, cocina, tradiciones, componentes de la cultura local, todo ello adobado de abundante e interesante material grafico.
Los capítulos de la obra tratan la historia del municipio, incluida la prehistoria, la antigüedad y el medioevo. También la geografía física del entorno, la economía rural y la geografía humana. La historia moderna y contemporánea es tratada detalladamente en lo referente a la conquista castellana, cristianización y vicisitudes de los mudéjares y moriscos, por la existencia de fuentes directas, desde 1496, como el Libro del Cadi, el Libro de Apeo y Repartimientos y el Catastro de Ensenada. En urbanismo y arquitectura se realiza la descripción del templo parroquial, la urbanística de calles y plazas de la población, la cerca amurallada y varias atalayas. Respecto al folklore y religiosidad popular se describe las fiestas mas importantes, en especial la de San Sebastián y las fiestas o relaciones de moros y cristianos.
Una abundante colección de fotografías familiares identificadas desde principios del siglo XX cierra la monografía.

16 agosto 2012

Calidad de Vida relacionada con la Salud

La Calidad de Vida relacionada con la Salud es uno de los objetivos gerontológicos más valorados. Establecer la significación entre funcionalidad física y factores sociodemográficos en personas mayores institucionalizadas puede ayudar a la orientación de intervenciones beneficiosas en este grupo de edad.

Hemos realizado un estudio descriptivo transversal constituido por la población interna de una residencia, en capital de provincia, con una puntuación del MMSE mayor a 24. Se midió la calidad de vida con el cuestionario SF-36, la capacidad de independencia para las actividades de la vida diaria y distintas variables sociodemográficas. Para el análisis se utilizaron tanto pruebas paramétricas como no paramétricas aplicando valores de intervalos de confianza al 95%.

En 85 mayores, la media de edad estaba en 82 años. La media de la puntuación para el nivel de independencia medido a través de las ABVD, fue de 83,23, mostrándose una media mayor para el género masculino (86,93 ±19,98) con respecto al femenino (81,11 ±19,14). La mitad de los mayores estudiados tenían independencia o dependencia leve y esta era favorable a los hombres y personas mayores más jóvenes. Con respecto a las puntuaciones medias del cuestionario SF 36, observamos que de los 8 dimensiones que evalúa, 7 arrojaron puntuaciones medias mayores para los hombres, siendo la media de las mujeres mas alta solo en la dimensión Física

La calidad de vida relacionada con la salud se vio influenciada por el nivel de independencia de las actividades básicas de la vida diaria, siendo esta variable, la que alteró la mayor cantidad de dimensiones del cuestionario. Otros factores relacionados con la calidad de vida fueron género, número de patologías y fármacos consumidos diariamente


03 marzo 2012

DETERIORO COGNITIVO DE INICIO PRECOZ



La revista British Medical Journal (BMJ) ha publicado recientemente, enero 2012, que el deterioro cognitivo comienza antes de los 45 años.
En 1956, un grupo de científicos estudió a 500 personas, entre 20 y 60 años, en Seattle (USA) y demostró que el cerebro se deteriora a medida que las personas envejecen, la pérdida de esas habilidades comenzaba a partir de los 60 años. Desde entonces, muchas otras investigaciones se han basado en esta tesis.
Actualmente el estudio realizado en más de siete mil personas, entre 45 y 70 años, con un seguimiento de diez años, muestra que la capacidad que el cerebro para las habilidades de memoria, razonamiento y comprensión (función cognitiva) comienza a deteriorarse a partir de los 45 años, 15 años antes de lo que creíamos.
Los profesores del Centro de Investigación de Epidemiología y Salud Pública de Francia y del University College of London, en el Reino Unido, siguieron durante diez años a 5.198 hombres y 2.192 mujeres, a los cuales evaluaron en tres ocasiones, durante 1999 y 2009. A través de diversos cuestionarios midieron los cambios que registraban cinco habilidades cognitivas: razonamiento, memoria, vocabulario, fluidez semántica y fluidez fonológica. Estas últimas incluyen, por ejemplo, recordar por escrito todas las palabras que comienzan con una letra (fluidez fonémica) o los nombres de animales (fluidez semántica) en un determinado tiempo. Para evitar distorsiones en los datos, se consideraron las diferencias en el nivel educacional de la población estudiada.
Los resultados mostraron dos cosas, primero, que las puntuaciones cognitivas se redujeron en todas las categorías y edades, excepto en el vocabulario, que sabemos es poco influenciado por la edad. Y segundo, que este descenso se inicia a los 45 años, tanto en hombres como en mujeres, con una reducción promedio para las cinco habilidades de 3,6%. Entre los 65 y 70 años llega a un 9,6% en los hombres y un 7,4% en las mujeres.
El hallazgo es muy importante debido a que actualmente las intervenciones terapéuticas surgen sólo cuando las personas comienzan a experimentar los primeros síntomas de deterioro mental en la adultez mayor. El hecho de saber que éstos comienzan quince años antes, permite promover tempranamente estilos de vida saludables, en particular los vinculados con la salud cardiovascular. Como indica el proverbio hipocrático lo que es bueno para el corazón también es bueno para la cabeza. El estudio nos permite hacer intervenciones, farmacológicas y no farmacológicas, destinadas a modificar las trayectorias del envejecimiento cognitivo, que son más efectivas cuando se aplican al inicio del declive mental.
El núcleo de la investigación es entender el proceso del envejecimiento cognitivo. Varios estudios han demostrado que pequeñas diferencias en funciones cognitivas se traducen en grandes diferencias en riesgo de demencia, por lo que es importante conocer cuando se inicia este proceso y la investigación nos muestra que ese declive comienza tan temprano como a los 45 años.
El trabajo no sólo muestra, por primera vez, que el deterioro cognitivo comienza mucho antes de los 60 años, sino que éste puede darse a los 45 años e incluso antes, dependiendo de varios factores, como los estilos de vida, la dieta y la educación. La preocupación por la salud cerebral debe iniciarse en la niñez y no a los 50 ó 60, cuando ya existe una pérdida neuronal asociada a la edad y a los hábitos no saludables.
Los pacientes que presentan algún factor de riesgo de enfermedad cardiovascular (obesidad, hipercolesterolemia, hipertensión, diabetes, etc.) deberían cuidarse, no sólo para salvaguardar su corazón, sino también para prevenir una demencia posterior.
Sabemos que cuando aparecen los síntomas de la demencia son el resultado de un largo proceso de deterioro cognitivo que ha podido durar 20 o 30 años. A pesar de que se ha realizado mucha investigación en los métodos diagnósticos, aún no se han descubierto los biomarcadores o los perfiles cognitivos que muestren claramente el desarrollo de demencia. Sin embargo, sí que existen suficientes estudios que demuestran la relación entre los factores de riesgo cardiovascular y las posibilidades de desarrollar demencia. De ahí, la importancia de un estilo de vida saludable.
Este estudio tendrá profundas consecuencias para la prevención de la demencia. Hasta ahora no existe terapia curativa para la enfermedad, sabemos que lo más efectivo es diagnosticarla y tratarla cuanto antes. A raíz de esta investigación, las pruebas para detectar el deterioro cognitivo deberían realizarse a partir de los 45 años. Estamos entrando en una nueva era de estudio, investigación y prevención en la que se abre una esperanza de identificar maneras para intervenir antes en el desarrollo de las patologías asociadas al deterioro cognitivo.